Dismorfia corporal: cuando el cuerpo se convierte en enemigo
Por Lidia Blanco Ponce
Psicóloga
Vivimos en una época en la que el cuerpo ha dejado de ser simplemente un vehículo para vivir, sentir y conectar, para convertirse en un objeto que debe ser observado, moldeado y validado constantemente. Esta presión social no solo genera inseguridades superficiales, sino que, en algunos casos, alimenta realidades mucho más profundas y dolorosas, como la dismorfia corporal.
La dismorfia corporal transforma la relación con el propio cuerpo en una fuente constante de malestar. El espejo deja de ser un reflejo y se convierte en un juez. El cuerpo, en lugar de hogar, pasa a vivirse como un enemigo.
¿Qué es la dismorfia corporal o trastorno dismórfico corporal?
La dismorfia corporal, también conocida como trastorno dismórfico corporal (TDC), es un trastorno de salud mental caracterizado por una preocupación intensa, persistente y obsesiva por uno o varios aspectos del cuerpo que la persona percibe como defectuosos.
Lo más complejo es que estas supuestas imperfecciones suelen ser inexistentes o apenas perceptibles para los demás. Sin embargo, para quien lo padece, se convierten en el centro de su atención, generando angustia, vergüenza y un profundo sufrimiento emocional.
No se trata de una simple insatisfacción corporal. La dismorfia corporal afecta a la vida cotidiana, a la autoestima, a las relaciones y a la forma de estar en el mundo.
¿Cómo se manifiesta la dismorfia corporal?
La dismorfia puede centrarse en cualquier parte del cuerpo: la piel, el rostro, el cabello, los dientes, el abdomen, los muslos, el tamaño de los músculos o la forma corporal en general.
Manifestaciones habituales:
- Mirarse compulsivamente al espejo o evitar reflejos.
- Compararse de forma constante con otras personas.
- Evitar salir de casa o hacerse fotos.
- Buscar tratamientos estéticos sin satisfacción.
- Pasar horas revisando el propio cuerpo.
- Experimentar ansiedad o depresión.
¿Qué hay detrás de la dismorfia corporal?
- La dismorfia corporal no tiene una única causa; su origen suele ser multifactorial.
- Experiencias tempranas y comentarios sobre el cuerpo.
- Bullying, humillación o trauma.
- Cultura de la comparación y redes sociales.
- Exigencias internas y baja autoestima.
- Trastornos relacionados como los TCA, la ansiedad o la depresión.
¿Por qué la dismorfia corporal duele tanto?
Porque afecta a algo íntimo y constante: el cuerpo, el lugar que habitamos cada día. Cuando ese lugar se vive como hostil o defectuoso, la vida entera se vuelve incómoda.
¿Cómo empezar a sanar la relación con el cuerpo?
- Pedir ayuda psicológica especializada.
- Cuestionar el ideal de belleza.
- Practicar la autocompasión.
- Reconectar con el cuerpo desde el sentir.
- Reducir la exposición a contenido dañino.
- Aceptar que sanar lleva tiempo.
Cerrar la herida con amor
La dismorfia corporal no es debilidad ni vanidad. Es dolor no nombrado. Pero existe otra forma: una en la que el cuerpo puede dejar de ser enemigo y convertirse en hogar.
Referencias bibliográficas
American Psychiatric Association. (2022). DSM-5-TR.
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