Día del Padre y sentimientos encontrados: por qué ocurre y cómo vivirlo
Por Adriana Rubinstein Agunin
Psicóloga y psicoterapeuta · Directora de Centro Tiban
El Día del Padre y los sentimientos encontrados van de la mano para muchas personas, aunque no siempre se hable de ello. Mientras socialmente se presenta como una fecha para celebrar, agradecer y compartir, por dentro pueden aparecer emociones mucho más complejas: tristeza, rabia, nostalgia, ambivalencia o incluso alivio.
No todas las historias con el padre son fáciles. Y no todas las relaciones caben dentro de la imagen idealizada que suele acompañar este día. Para algunas personas, el Día del Padre no se vive como una celebración sencilla, sino como una fecha que remueve heridas, recuerdos o ausencias difíciles de nombrar.
El peso del ideal de padre
Culturalmente, la figura del padre suele representarse como alguien protector, presente, guía y afectuoso. Cuando la experiencia real no coincide con ese ideal —porque hubo ausencia, distancia emocional, crítica, frialdad, violencia o falta de cuidado— el Día del Padre puede activar una comparación dolorosa.
Es entonces cuando aparece una sensación de desajuste interno:
“Debería sentir gratitud, pero lo que siento es tristeza.”
“Todo el mundo celebra y yo no sé qué celebrar.”
“¿Está mal que no viva este día como se supone que debería?”
Este conflicto interno suele generar culpa, confusión o ambas cosas a la vez. Pero que una fecha te remueva no significa que haya algo mal en ti. Muchas veces significa simplemente que hay una historia detrás que merece ser reconocida.
El duelo del padre que no fue
En muchos casos, esta fecha conecta con un tipo de duelo muy particular: el duelo del padre que no se tuvo.
No siempre se trata de una pérdida física. A veces el padre estuvo o está presente, pero faltó algo esencial: validación, cuidado emocional, reconocimiento, seguridad o afecto.
El Día del Padre puede reactivar esa herida infantil: la necesidad de ser visto, aprobado o querido por una figura que no pudo o no supo ofrecerlo. Y lo que duele no es solo lo que ocurrió, sino también lo que nunca llegó a existir.
A veces no se llora únicamente a la persona, sino también al vínculo que se necesitó y no se tuvo.
Cuando hay amor… y también heridas
También hay relaciones con el padre que no son completamente negativas, pero sí complejas.
Puede haber cariño, historia compartida y momentos valiosos, pero también distancia, incomprensión o daño. En estos casos, la emoción predominante suele ser la ambivalencia: amor mezclado con enfado, gratitud junto a decepción, afecto y herida al mismo tiempo.
Y eso puede resultar especialmente desconcertante, porque cuesta aceptar que dos emociones aparentemente opuestas puedan convivir. Sin embargo, en los vínculos importantes es frecuente que así sea.
El Día del Padre puede hacer que todo eso aparezca de golpe.
Cuando el padre ya no está
Para quienes han perdido a su padre, esta fecha puede intensificar la nostalgia y el vacío. Incluso cuando la relación fue buena, el día puede despertar el deseo de una conversación más, un abrazo más, una oportunidad más.
Y si la relación fue complicada, la pérdida puede traer también emociones no resueltas: preguntas sin respuesta, palabras que nunca se dijeron, heridas que quedaron abiertas o una sensación de asunto pendiente.
El duelo no siempre se vive solo desde la ternura. A veces también convive con enfado, culpa, alivio o tristeza mezclada con amor. Y fechas como esta pueden poner todo eso en primer plano.
Permitirse sentir lo que realmente aparece
No hay una forma correcta de vivir este día.
Algunas personas celebran con alegría. Otras lo atraviesan con distancia. Otras prefieren ignorarlo. Y otras sienten que les remueve mucho más de lo que esperaban.
Lo importante no es encajar en el guion social, sino permitirse reconocer la propia experiencia emocional sin obligarse a sentir algo distinto. A veces, el verdadero trabajo emocional consiste en dejar de preguntarse “qué debería sentir” y empezar a preguntarse “qué siento de verdad”.
Aceptar la realidad del vínculo con el padre tal como fue —con sus luces, sus sombras y sus límites— puede ser doloroso, pero también profundamente liberador.
Cómo atravesar este día con más calma
Cuando el Día del Padre despierta emociones difíciles, no siempre hace falta hacer algo grande. A veces ayuda más algo pequeño, pero honesto.
Puede servirte bajar el ritmo, no exigirte vivir el día como lo viven los demás, poner límites si lo necesitas o darte permiso para no participar en ciertos planes si no te sientan bien.
También puede ayudarte escribir lo que sientes, hablar con alguien de confianza o simplemente reconocer internamente lo que se mueve. No siempre se trata de resolverlo todo. A veces se trata solo de acompañarte mejor en lo que aparece.
Transformar el significado
Con el tiempo, algunas personas encuentran formas de resignificar este día.
Puede ser recordando lo que sí se recibió, reconociendo lo que faltó sin negarlo, o incluso enfocándose en convertirse en el adulto que uno mismo necesitó de niño.
Porque, aunque no podamos cambiar la historia que tuvimos, sí podemos decidir qué hacer con ella. Y a veces, el Día del Padre deja de ser solo una celebración externa para convertirse en una oportunidad de comprensión, duelo y crecimiento personal.
Resignificar no es negar la herida. Es empezar a darle a esta fecha un lugar más propio, más real y menos dictado por lo que “debería” ser.
No todas las personas celebran. Y también ahí hay verdad
El Día del Padre no siempre se vive desde la celebración. A veces se vive desde la herida, el duelo, la rabia, la ambivalencia o la confusión. Y también ahí hay una experiencia válida que merece espacio.
No hace falta sentir lo correcto. No hace falta encajar en una imagen ideal del vínculo. Lo que sí puede ayudar es mirar la propia historia con un poco más de honestidad, compasión y respeto.
A veces, empezar a comprender lo que sentimos ya es una forma de cuidarnos.
Un recurso para acompañarte
Si este día te mueve emociones difíciles o contradictorias, puede ayudarte dedicar un momento a explorarlas con más calma.
Hemos preparado una guía descargable de ejercicios terapéuticos para reflexionar sobre el vínculo con el padre, ordenar emociones y trabajar algunas de las heridas que pueden activarse en fechas como esta.
Incluye propuestas de escritura, preguntas de reflexión y una práctica breve para acompañarte de una forma más consciente y compasiva.
Puedes descargarla completando el formulario que encontrarás a continuación.
Si decides realizar los ejercicios, puedes tomarte el tiempo que necesites para hacerlos con calma. Y si después te apetece, puedes compartir con nosotras tu reflexión o el ejercicio resuelto en info@centrotiban.es.
Referencias bibliográficas
- Boss, P. (2000). Ambiguous Loss: Learning to Live with Unresolved Grief.
- Bowlby, J. (1982). Attachment.
- Kidd, K. N., Huo, Z., Cronauer, C., Goldstein, B. I., & Han, K. M. (2022). The relationship between parental bonding and mood, anxiety, and related disorders in adults: A systematic review and meta-analysis.
- McLanahan, S., Tach, L., & Schneider, D. (2013). The causal effects of father absence.
- Inwood, E., & Ferrari, M. (2018). Mechanisms of change in the relationship between self-compassion, emotion regulation, and mental health: A systematic review.
















